Con el paso de los años, acumulamos multitud de vivencias, anécdotas y personas importantes. Sin embargo, también con el paso del tiempo, los recuerdos de estas vivencias comienzan a emborronarse. Se pierden detalles, la nitidez e incluso algunos de esos momentos desaparecen para siempre de nuestras cabezas.

Que esto suceda es una pena, puesto que, al fin y al cabo, estamos hechos de recuerdos. Los momentos que vivimos son los que nos van configurando como personas, los que marcan nuestro carácter y los que nos hacen ser quiénes somos. Y, por otra parte, es lo único del presente que nos llevamos al futuro.

Por este motivo, conforme cumplimos años, va adquiriendo más importancia poder preservar de manera segura nuestros recuerdos de los años vividos. Así, podremos rememorarlos siempre que nos apetezca o nos invada la nostalgia. Pero, ¿cómo podemos hacerlo?

Las formas tradicionales de preservar los recuerdos

Hay tres formas típicas de preservar los recuerdos por excelencia: las fotografías, los vídeos y los diarios.

Las fotografías nos permiten poner color y forma a nuestros recuerdos. Es una manera perfecta de no olvidar lugares, calles, paisajes… Sin embargo, hoy en día, con la fotografía digital y la cantidad de fotos que acumulamos en nuestros teléfonos móviles, requiere cierto trabajo guardar bien nuestros recuerdos fotográficos. Para evitar que queden olvidadas para siempre en un disco duro, es una buena idea ordenarlas de vez en cuando e incluso crear álbumes en papel. 

Similar al caso de la fotografía, está el caso de los vídeos. También son una forma preciosa de guardar los recuerdos. Además de lo que aporta la fotografía, nos permiten recordar el movimiento, las voces… y nos transportan directamente hasta esos momentos. Pero con los vídeos hay que tener especial cuidado con el formato, ya que quedan obsoletos mucho más rápido y no es posible guardarlos en papel.

En cuanto a los diarios, es la forma más personal de acumular recuerdos. Requiere mucha constancia rellenar uno, más aún mantener esta costumbre toda la vida. Pero puede optarse por anotar en uno simplemente los momentos más importantes.

Una cápsula del tiempo como legado personal

Hay otra forma más original de preservar los recuerdos de toda la vida: hacerlo en una cápsula del tiempo. En ella, una persona puede guardar todo lo que quiera recordar en el futuro: fotografías, anécdotas, hitos, objetos… y enviarla directamente al futuro. Es posible hacerla para uno mismo, por ejemplo, para recordar la infancia cuando se llegue a adulto. Pero también se puede hacer para que futuras generaciones sepan algo más sobre tí. Quién eras, lo importante que eras para quienes la abran e incluso para que puedan conocer cómo se vivía o qué sucedió en “tu época”.

Pero, ¿qué te parecería darle a alguien el trabajo hecho? Imagínate recopilar para una persona los mejores momentos de su vida, contados por las personas que le han ido acompañando. Fotografías, historias divertidas, historias emocionantes, sus juguetes favoritos de la infancia… y entregárselo, por ejemplo, como regalo de 40 cumpleaños. ¡La emoción está asegurada!

Es posible encontrar algunas propuestas comerciales para hacer este regalo, por ejemplo, la Retrobox Cumpleaños Feliz de MyRetrobox. En ella se recopilan los mejores momentos de la vida de una persona para sorprenderle el día de su “cumpleaños redondo”. Además, esta cápsula del tiempo apuesta por el formato físico. Como hemos comentado más arriba, los archivos y formatos se quedan obsoletos y sin acceso en poco tiempo. Sin embargo, el papel dura para siempre.

Sin duda, un regalo de este tipo es un regalo para toda la vida.